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Viernes, 14 de agosto de 2020
Tribuna Digital
30/1/2013

El discurso del ciudadano Junqueras

Antonio Envid

Seguí con estupefacción el argumentario del ciudadano y presidente de ERC Oriol Junqueras defendiendo sus tesis "democráticas". Con voz monocorde sin matices, en un discurso hipnótico, repetía una y otra vez que la democracia trae su legitimidad no de las leyes, sino de la voluntad de los ciudadanos. No se refería a todos los ciudadanos, sino solamente al derecho a decidir de los catalanes. En primer lugar, ¿quiénes son catalanes? ¿Los que viven en Cataluña, aunque hayan nacido en el Congo? ¿Los que han nacido en Cataluña y vivan en el Congo? ¿Los que trabajan en Cataluña, pero viven en Monzón?, en fin, ya nos lo explicarán. Como solo una parte de la ciudadanía española será la consultada, ¿por qué no se pregunta, por ejemplo, a los ciudadanos de Tortosa? que seguramente esgrimirían su derecho a separarse de Tarragona, vieja aspiración, ¿y a los de Reus?, que siempre se consideraron por encima de los tarraconenses, continuando el discurso, que se haga la consulta a los vecinos del barrio de Gracia, tan suyos ellos, y siguiendo el hilo, por qué no preguntarme a mí, que desde luego me declararía de inmediato ciudadano ingenuo, inmune, soberano e independiente. Esta reducción al absurdo demuestra lo frágil de sus argumentos. Por cierto, que ha habido un sutil cambio en el objeto del referéndum, hoy consulta, (cuando quieren ser sutiles, lo son) ya no se trata del derecho a la autodeterminación de los catalanes, sino a su derecho a decidir. Alguien con conocimientos históricos ha debido de explicarles que el derecho a la autodeterminación es el que tienen los pueblos colonizados, los sojuzgados por una potencia foránea, y fue acuñado por la Carta de las Naciones Unidas, referido, sobre todo, a las colonias europeas en África y Asia. Por mucho que se quiera retorcer la historia, no se puede negar el hecho de que España surge de la unión libre y espontánea de las coronas de Aragón y Castilla en una sola dinastía, sin conquista ni imposición de ninguno de ambos territorios, ni asomo de colonización, por supuesto.

Si alguna palabra es dúctil esa es “democracia”. Parece de goma, se adapta a todos los tamaños y medidas, es como el ungüento amarillo, igual sirve para un lobanillo, que para unas paperas. Democráticas se decían las repúblicas socialistas lideradas por Stalin, y nada menos que república popular democrática era la China de Mao, y por supuesto que se declara democrático el régimen de Castro y no menos democrático se proclamaba el sistema de mafias y gangs imperante en la bella isla antillana en la época de Batista. Sin ir más lejos, en España sufrimos un sistema de “democracia orgánica” durante bastantes años. Democracia, democracia ¡cuántas tiranías se perpetran en tu nombre! Una pregunta de un ciudadano ingenuo, ¿por qué los Mas y los Oriol quieren que se instruya su querella contra El Mundo en Barcelona y no en Madrid, olvidando el principio penal del juez natural? ¿Tiene algo que ver este sarampión soberanista con evitar instancias judiciales fuera de Cataluña, y, quizá, más independientes, por parte de algunos mandarines?


* Economista
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