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Lunes, 27 de enero de 2020
Deportes
24/5/2004

Un final memorable

Pablo Almazán
Las gradas fueron una fiesta
Las gradas fueron una fiesta

Zaragoza.- La parroquia de La Romareda se reencontraba, por fin, con una cita sin adrenalina para el Zaragoza. Hacía cuatro años que esto no sucedía en Primera División. Hasta costaba sentarse sin presión. Y más cuando se daban más reseñas por festejar. Por ejemplo, el debut de otro jugador de la cantera, el guardameta Zaparain. Aunque también se daban bastantes despedidas, como la del masajista Kabir. Por su parte, sí que se la jugaba el Barcelona. Pero entre amigos, y no se sabe si con primas, el zaragocismo debía disfrutar. Y la fiesta tuvo un final inmejorable, el triunfo.

Pareció acertar Víctor Muñoz con su criticado sistema de tres medios centros, Ponzio, Movilla y Generelo. Esa táctica agobió al equipo azulgrana. Y “Cani” pudo recordar con clase su debut en la elite, precisamente ante el mismo rival aunque en condiciones mucho mejores para los blanquillos. Dani también estaba más participativo. Zaparain paraba su primer balón. Y el peligro lo ponía Villa.

Pero, sin embargo, poco duró la ilusión local. Y es que el gol tenía color visitante; en concreto, de Saviola. Un gran tanto. Y unos enormes protagonistas. Porque, con la ayuda de Rebosio, todo nació como consecuencia de un pase de una atracción de la categoría de Ronaldinho a la banda izquierda y asistencia sobre el delantero argentino.

Menos mal que “Cani” sacó sus esencias para empatar. Las cosas podían haber estado antes sentenciadas a favor de los visitantes. No obstante, y todavía recordado un zarpazo de Milito, el balompié tiene este tipo de maravillas.

Villa, el héroe

En la segunda mitad, Soriano ocupó la plaza de Rebosio. Ello provocó que Ponzio pasase al lateral diestro, Generelo y Movilla se encargaban de cubrir la línea de medios, mientras que Soriano ocupaba la banda izquierda.

Soriano fue el segundo pero definitivo actor en el 2-1. Villa hizo todo. Y el de la cantera maña puso la gracia. La victoria parcial ayuda sobremanera a que la fiesta fuese aún más grande en el estadio municipal zaragozano.

El Zaragoza no dejaba reaccionar al Barcelona, quizá más relajado por la goleada que el Real Madrid estaba recibiendo de la Real Sociedad en el estadio Santiago Bernabéu. Zaparain se mostraba casa vez más importante. La felicidad reinaba en La Romareda. Aunque la ovación más sonora se la llevó Villa cuando fue reemplazado por “Yordi”. Y, a la postre, la sonata se hizo extensible a todo el cuadro blanquillo.

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