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Viernes, 19 de julio de 2019
Tribuna Digital
19/12/2018

Salud, dinero y jamón

Antonio Coscollar Santaliestra

Se diría que la felicidad tiene alas, y sin embargo casi nunca vuela hacia donde queremos pues, según algunas estadísticas, menos de una cuarta parte de quienes se hacen millonarios gracias a los juegos de azar, seguirán siendo millonarios. El resto, en torno al 80%, se arruinarán.

Se cuenta que a un tipo listo le preguntaron: “Oye, tipo listo, ¿qué te hace falta para ser inmensamente feliz. El tipo listo, que no era pobre, respondió que sería inmensamente feliz si de hoy a mañana se despertara insultantemente rico. Quien preguntaba al tipo listo (imagine, amable lector, que fuéramos usted o yo) advirtió que los más grandes sabios de la antigüedad coincidieron en que el dinero no da la felicidad. A lo que el tipo listo respondió: “¿Bien, de acuerdo, pero cuando la pasta es gansa y es mucha, ¿quién en su sano juicio piensa en la felicidad?”

El concepto de felicidad es así de volátil, tan volátil que, aunque todos queramos alcanzarla, cuando pensamos en ella, apenas logramos saber lo que en verdad deseamos para atraparla. Seguramente porque la felicidad no es un medio (como el dinero) sino un fin. La felicidad es un fin en sí mismo, porque a quien anhela ser rico, de inmediato le preguntaríamos: “¿Y para qué quieres el dinero?” Pregunta que no nos haríamos si nuestra aspiración fuera la felicidad.

En la película Tiburón, de Spielberg, el oceanógrafo interpretado por Richard Dreyfuss, les explica a sus dos compañeros de viaje las aspiraciones del escualo con estas tres palabras: comer, aparearse y dormir. Tal vez en eso consiste la felicidad para los tiburones. ¿Y para los cerdos, con perdón? Un cerdo no tiene los dientes temibles del tiburón, no se comporta en la granja como miembro de una manada y no es temido por nadie. Tanto es así que un filósofo italiano escribió un libro en el que aparece un cerdo convencido de que alcanzará el paraíso de los cerdos tan pronto como crea que su mayor logro será convertirse en jamón.

Resumiendo. Un poeta español del siglo XIX ya dejó dicho: “Si quieres ser feliz como me dices, no analices muchacho, no analices.” El poeta, catalán, se apellidaba Bartrina.

 


* Maestro de escuela
8
comentarios
  • 8|María Dávila dijo
    Qué razón tiene el profesor. Solo con jamón muchos ya seríamos felices. Tampoco nos hace falta ahogarnos en dinero.
  • 7|Héctor R. dijo
    Pues yo también me quedo con estas tres cosas: Salud, dinero y jamón
  • 6|Trullón dijo
    Qué razón tenía pues ese poeta, si nos ponemos a analizar serguro que no llegaremos a comprender nunca si somos o no somos felices
  • 5|Tarín dijo
    Mis aspiraciones no son encontrar la felicidad, algo muy relativo, sino vivir en paz
  • 4|Antonio M. dijo
    Pues yo me quedo con el titular, con las tres cosas sería la mar de feliz, claro no siendo un cerdo!!
  • 3|Richard dijo
    Cierto, se sabe antes qué te hace infeliz que lo que te hace feliz
  • 2|Lourdes dijo
    No sé si el rico puede decir que no es feliz siendo rico, pero el pobre seguro que dice que no es feliz siendo pobre
  • 1|Ignacio dijo
    Claro, eso de la felicidad es muy relativo. Es tan intangible que no se puede medir, ni el rico dice que es feliz por ser rico
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