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Viernes, 18 de octubre de 2019
Tribuna Digital
26/12/2018

Montoya: "Verdugo - víctima"

José Carlos Fuertes Rocañín

La muerte de Laura Luelmo ha sido un nuevo mazazo en la moral y, también, en la tranquilidad colectiva. Una vez más hemos visto de lo que somos capaces de hacer los seres humanos civilizados, porque el señor Montoya, mal que nos pese y duela, es un ser humano, psicópata y asesino, pero no por ello deja de formar parte de nuestra misma raza y condición.

El psicópata, y el señor Montoya tiene todas las papeletas para serlo, encarna la maldad, la frialdad emocional, el egoísmo feroz, la absoluta falta de empatía, la ausencia de remordimientos, la mentira como forma de vida, el impulso sin freno, en suma, el psicópata sería, utilizando criterios morales que no médicos, la representación del Mal con mayúsculas. Pero también el psicópata es un sujeto imputable de sus actos, dicen los juristas; es decir, conoce las normas, sabe discernir entre el bien y el mal, puede actuar o no actuar y, en consecuencia, debe responder plenamente ante la ley de los actos que realice.

No obstante, a fecha de hoy hay ya muchos datos en la investigación científico-médica que apuntan anomalías estructurales y funcionales cerebrales en los psicópatas. Pero ninguno de esos datos se puede considerar, todavía, concluyente, y hace falta recorrer un largo camino para establecer una relación causa efecto evidente entre los hallazgos médicos encontrados y la realización de un determinado comportamiento humano.  

Parece evidente que la maldad tiene un correlato biológico; es decir, hay personas más predispuestas o vulnerables que otras, a ser más frías, a tener más insensibilidad, a ser más impulsivos y violentos, en suma, a tener un comportamiento antisocial más frecuente. Es más, no solo no se puede obviar, sino que esa idea, por ahora provisional, se está confirmando, aunque todavía es pronto para establecerlo como una “verdad científica”.

Lo que sí sabemos fehacientemente es que en la conducta (normal o patológica) de una persona influyen factores diversos, y también que en algunos casos hay posibilidades de cambiarla. Sensu contrario, sabemos también que hay estructuras y circuitos neuronales que es imposible, con los medios y conocimientos actuales, y a partir de una determinada edad, conseguir modificaciones conductuales, sobre todo, como es el caso del asesino de Laura, cuando más de media vida la ha pasado en prisión, hay una adicción a sustancias y además un entorno familiar parcialmente desestructurado.

Bernardo Montoya es un verdugo, un ser abyecto y maligno, un asesino confeso, reincidente y posiblemente no rehabilitable. Pero también, aunque sea duro aceptarlo, es una “víctima” de la genética, también del entorno que le ha dado unos referentes y valores inadecuados y, en suma, víctima de una sociedad que avanza mucho en un sentido, pero que no se da cuenta de que no todos somos iguales, que hay diferencias genéticas muy significativas, que la conducta depende del normal funcionamiento del cerebro y que ciertos factores estresantes en la infancia pueden ser demoledores en la vida adulta.

Bernardo Montoya es “verdugo-víctima” de una sociedad que no pone límites claros, que considera como correctas conductas contradictorias y que, en suma, contribuye, sino a crear estos comportamientos psicopáticos, sí a facilitar con una excesiva tolerancia que hagan lo que su naturaleza, a veces criminal, les impone y facilita.


*Médico Psiquiatra y Vicepresidente de la Sociedad Aragonesa de Psiquiatría Legal y Ciencias Forenses
10
comentarios
  • 10|Gorka dijo
    yo es que solo veo a una víctima y a un verdugo. No se puede justificar que su gen malo le haga ser malo y víctima a la vez por tenerlo.
  • 9|Teresita Martínez dijo
    la sociedad no es la que actúa mal, es el sistema que hemos elegido el que lo hace mal. Algo falla si una persona tiene una conducta y no se hace nada por corregirla o evitar que no haga nada malo si no se puede corregir
  • 8|Fer dijo
    Ahora va a ser culpa de la sociedad!!! Este ser no sabe vivir en sociedad y no se ha adaptado a respetar al otro. Este tiene la maldad como gen dominante y no hay otra
  • 7|Gracia dijo
    Anda, que no es un episodio de mentes criminales donde los asesinos matan por su mala infancia. Este es un sádico y punto. El hecho de que la tuviera retenida ya dice mucho de sus intenciones, no fue un impulso el matarla
  • 6|Luciana M. dijo
    yo es que creo que ni siquiera los animales tienen un instinto asesino como lo tiene esta persona. Será un psicópata y todo lo que quieran, pero qué hacía en la calle?
  • 5|Jiloca dijo
    ¿Entonces en qué quedamos? Es malo por genética o por su entorno? Es malo porque es malo y punto. Y si no puede estar viviendo en sociedad pues encerrado
  • 4|Lorca dijo
    Muy fuerte lo de este espécimen, porque no lo considero ni persona. La culpa? El que lo hace, y la víctima, solo una
  • 3|Santi dijo
    No culpo a la genética, culpo al sistema. Con una vez que matara tendría que ser suficiente para saber que este tipo si es malo lo va a volver a hacer
  • 2|Lucero dijo
    Entonces dice que la maldad no se origina, que se nace con ella? Mala suerte además de ser malo y vivir en un entorno familiar que te lleva a hacer mal
  • 1|Rebeca Muñoz dijo
    Aquí las únicas víctimas que veo son la pobre fallecida y sus familiares. Yo solo veo a un verdugo. Una persona mala y que si tiene un problema neuronal genético no debería haber salido de la cárcel porque ya ha matado antes
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