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Jueves, 20 de febrero de 2020
Cultura
20/12/2007

Las ranas vuelven a Ranillas

Diego Guillén Ligori
Solas, en pareja o en grupo, las ranas de Arrudi han colonizado Ranillas
Fotoreportaje

Zaragoza.- Una, dos, tres, cuatro... y así hasta 610 ranas. Los anfibios han vuelto a Zaragoza convertidos en graciosas esculturas de bronce que empiezan a poblar el meandro de Ranillas y a despertar la curiosidad de grandes y pequeños. La invención creativa del artista aragonés Miguel Ángel Arrudi ha devuelto las ranas a su lugar de origen convertidas en testigos de excepción de la cuenta atrás del recinto de Expo 2008.

“La idea surgió por reivindicar el paseo y la rana de la zona… y es una forma de dar un toque de atención sobre lo que estamos haciendo. Nosotros hemos invadido un espacio natural que le pertenecía a las ranas, a los anfibios y al mundo de la ribera”, explica Arrudi, quien pretende con esta intervención artística evocar cómo era Ranillas “porque evidentemente aquí debía de haber cientos de miles de ranas”.

Sin embargo, lo que hoy es sólo una intervención artística con cientos de ranas nació como un proyecto más ambicioso presentado por el tándem integrado por Arrudi y el arquitecto Fernando Bayo, que logró ganar el concurso de ideas para acondicionar la ribera de la margen izquierda más cercana al recinto de Expo 2008. Pérgolas y mil ranas se diseminaban por un nuevo parque, pero terminó descartándose por su elevado precio.

“Me subí al estudio que tengo en la montaña y allí, en plena soledad, decidí que teníamos que hacer y presentar un proyecto que fuera pequeño, pero grande. Pequeño en unidad, pero grande en dispersión”. Dicho y hecho. Arrudi, quien seguía dándole vueltas a la idea de la rana incluso para proponerla como mascota de Expo 2008, decidió que la aportación más interesante que podía hacer era “reivindicar el espacio con una nueva colonización testimonial de ranas”.

La rana de Arrudi sufrió una metamorfosis y adquirió una gran sonrisa

Recuperar la rana

Volvió a su paraíso a 2.000 metros de altura (en Sallent de Gállego), desde donde contempla unas vistas extraordinarias y donde vive en una pequeña cabaña con agua, pero sin luz. “Allí estoy de pastor de vacas, de cabras y de caballos… Me retiro a pensar y meditar”. Y decidió presentarse al concurso de intervenciones artísticas para aportar su granito de arena al proceso de dignificación y puesta en valor de las riberas del Ebro con la rana como protagonista, una vez más.

Arrudi hizo muchas pruebas y fue descartando varios prototipos. Primero dibujaba la rana y luego la modelaba. “Una de las veces dejé un prototipo de barro en el refugio y me ausenté durante tres días. Entraron las vacas y me lo pisaron, me lo rompieron… así que pensé que eso quería decir que ese modelo no funcionaba. Hice otro modelo y ya fue más o menos el que dio origen y lugar al que he ido perfeccionando”, recuerda el artista aragonés, que acabó siendo elegido para “decorar” la ribera.

“Tenía intención de haberla hecho más pequeña -reconoce Arrudi-, pero haciendo un análisis de donde la incrustaba y del uso que se le iba a dar, pensé que el tamaño y las proporciones tenían que ser éstas… Un poco más grande de lo normal, porque por el tamaño casi casi es un sapo”. Cuando decidió que el tamaño y el modelo eran los adecuados, volvió a alejarse a su paraíso.

Miguel Ángel Arrudi acariciando una de las ranas instaladas en la fuente

Varios días en plena naturaleza le hicieron cambiar de idea y humanizar un poco más al anfibio: “El cambio de apariencia gestual viene determinado porque la personalizo con la boca más grande, con una especie de sonrisa, con los ojos más saltones, con una estilización corporal… de tal manera que es una rana más propia de un planteamiento cómic que del concepto animal”, subraya Arrudi mientras acaricia una de sus ranas definitivas en su estudio de Zaragoza.

El sentimiento del lugar

Lleva más de tres semanas poniendo ranas en el paseo de Ranillas. Y aunque tiene calculada la colocación de cada una de ellas, que marca con una plantilla, todo puede cambiar justo en el momento de perforar con el taladro. “Depende del sentimiento… en un principio proyectas sobre papel, pero luego, cuando estás en el terreno, depende de la luz, del espacio, del contraste con el fondo… No siempre existe una relación matemática con la ubicación primaria”, comenta.

No obstante, sí tiene su porqué que Arrudi haya decidido colocar 610 ranas, ni una más ni una menos. “Es un número mágico… Es un número que tiene que ver con una serie múltiple que ha diseñado Fernando Bayo con el número de Focarelli, una tabla que tiene mucho que ver con la magia numérica”. También tiene su porqué el aspecto entre envejecido y oxidado de las ranas, cuyo color combina a la perfección, aunque sin pretenderlo, con las farolas de la ribera del Ebro.

A pesar de ser de bronce, una pátina le ha dado un color verdoso

Las ranas son de bronce y mantienen el aspecto dorado tras la fundición (durante la que la rana pierde el 20% del volumen original). No obstante, tanto Arrudi como Bayo decidieron acelerar el proceso de oxidación del metal adelantando la metamorfosis de la propia rana. “Si la hubiéramos puesto tal cual, al cabo de cuatro o cinco años habría adquirido este color verdoso, pero si le aplicamos el proceso de oxidación, conseguimos que la pieza sea operativa para la Expo y que siga transformándose poco a poco”.

Una decapitación

Sin embargo, la curiosidad que han empezado a despertar las ranas de Arrudi está haciendo desparecer la pátina del óxido. “A muchas de las que están colocadas en el pasamanos del puente de la Almozara, les está saliendo el dorado de tanto tocarlas”, advierte Arrudi entre sonrisas. Pero no le preocupa porque son “para que el ciudadano las contemple, las toque… porque no hay que olvidar que la rana es un elemento mágico de fertilidad… y la rana simboliza la fertilidad y las buenas vibraciones”.

Y al mismo tiempo que muchos zaragozanos se han acercado a fotografiarse con las ranas, algunos ya han intentado llevárselas a pesar de que están hechas con un kilo de bronce y clavadas al hormigón con dos tornillos de más de treinta centímetros que dificultan sobremanera poder robarlas. Unas medidas de anclaje que, sin embargo, no ha evitado que una de las ranas apareciera decapitada hace unos días.

Aun así, Miguel Ángel Arrudi sigue apareciendo a las ocho de la mañana con su equipo para proseguir con su objetivo de repoblar el meandro. Y si alguien siente la necesidad de querer llevarse una a casa, que tenga en cuenta que el artista aragonés ya está preparando un modelo similar como merchandising de Expo 2008. A Fluvi le ha salido un claro competidor.

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