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Domingo, 21 de julio de 2019
Sociedad
25/9/2008

"La vida en un campamento saharaui es muy dura y los refugiados viven día a día esperando a que pase algo"

Ana Castrillo Soto
Dos niñas residentes en el campamento muestran los logros de los cooperantes

Zaragoza.- Antonio Andrés es cooperante de la oenegé Solidaridad Internacional. Trabaja activamente con la asociación en proyectos relacionados con el abastecimiento del agua en el Sahara. Este ingeniero aragonés ayuda a implantar sistemas de distribución de agua a través de grifos y considera que su vida ha cambiado mucho en estos últimos meses, pero que ha sido un cambio realmente gratificante y satisfactorio.

Pregunta.- ¿Cómo empieza a trabajar con Solidaridad Internacional?
Respuesta.- Anteriormente estaba trabajando en una empresa privada, aunque siempre he tenido un pie esperando la oportunidad para trabajar en temas de desarrollo, de cooperación o temas de voluntariado. Este trabajo surgió casi por casualidad, pero cuando cayó en mis manos me pareció algo realmente interesante. En ese momento terminaba un trabajo en el Pirineo, y decidí arriesgarme a ir al Sahara. He pasado en pocos meses de necesitar calefacción a no poder vivir sin aire acondicionado.

P.- ¿Qué proyecto desarrolla en Sahara a través de esta oenegé?
R.- El proyecto viene de Solidaridad Internacional, que es una oenegé que lleva trabajando desde 1996 en distintos proyectos en Sudamérica y África. El Consorcio de Aguas de Sevilla necesitaba una organización para poder empezar a desarrollar el proyecto que tenían en mente, por lo que la elegida fue Solidaridad Internacional. El proyecto consiste básicamente en dar agua a los campamentos de refugiados saharauis. Actualmente hay unos cuantos camiones cisterna, pero lo que queremos conseguir es dar agua ahora a través de un sistema de distribución de grifos que se instalan, tipo fuente, para cada diez, o quince familias.

P.- ¿Cómo se financia este proyecto?
R.- El proyecto está financiado por Eco, a través del ACNUR y nosotros somos la parte que trabaja, la oenegé, que actuamos como contraparte con el departamento de Hidráulica saharaui. Damos tanto el soporte técnico como financiero, además de la formación que necesitan para que cuando puedan volver a su país sean totalmente autosuficientes. Por eso, las instalaciones del proyecto son desmontables para que en caso de que se solucione el conflicto, no esté perdida toda esta inversión. Los depósitos, plantas desalinizadoras y los grupos electrógenos son desmontables, mientras que la tubería sería lo único que permanecería allí. La idea es hacer los proyectos para darles agua ahora mediante grifos, no mediante los camiones cisterna, pero con la idea de que ellos sean autónomos en la gestión, en el mantenimiento, e incluso en la instalación de nuevas instalaciones para un futuro.

Los refugiados toman contacto con los nuevos grifos

P.- ¿Cómo era el acceso al agua antes de su llegada?
R.- Antes de que llegara este proyecto, el abastecimiento del agua se hacía mediante camiones cisterna a cisternas familiares que más o menos todas las familias tienen. Antes de tener estas cisternas, había grifos, con 3 o 4 pozos en cada campamento para 10.000 o 15.000 personas. Por eso, una de las tareas que tenía asignada diariamente uno de los miembros de cada familia era recoger agua y traerla desde esos pozos a la vivienda, que en la mayoría de los casos estaba a una distancia grandísima. De eso se pasó a los camiones. Y ahora a los grifos. Además, hay que tener en cuenta que la educación es muy importante para que se aprovechen los beneficios del proyecto al maximo. La educación se basa en tres puntos: uso del sistema de grifos, uso razonable del agua y salud e higiene derivada del agua. Nuestra idea es que tengan un grifo durante 24 horas para beber, y una manguera para llenar las cisternas de la casa para otros usos, como la limpieza de la casa, de enseres, lavado, etc.

P.- ¿De dónde viene el agua?
R.- Es una buena pregunta, porque este proyecto es de gran envergadura, ya que tiene una inversión de 1.300 millones de euros y lo primero que te preguntas es de dónde viene el agua. Pues bien, en dos de los campamentos de refugiados si excavas dos y tres metros hay agua. Esta agua es la que no cae al mar de la cordillera del Atlas, llega al desierto y se queda ahí. Por ello, parece sencillo afirmar que a dos metros de profundidad los refugiados tienen agua, pero como llevan tanto tiempo asentados, esa agua está contaminada: por las letrinas, por la sal y por otros muchos productos. Pero nosotros cogemos el agua más abajo, en unos acuíferos que están entre 70 y 100 metros. Hay más acuíferos, y agua hay bastante, pero el problema es que toda el agua hay que bombearla, hay que tratarla, hay que potabilizarla, y eso conlleva un proceso muy largo y complicado.

P.- ¿Cuáles son los objetivos principales de este proyecto?
R.- Hay cinco campamentos, por lo tanto, alrededor de 200.000 personas son refugiadas en el Sahara. Nuestro objetivo es dar agua de calidad y en cantidad suficiente a toda esta población saharaui. Según los mínimos que tenemos del ACNUR, son 15 litros por persona y día. Pero nosotros estamos dando un poco más porque venimos del verano y hablamos de que ahora mismo, allí se están sufriendo temperaturas de 50 ºC a la sombra, por lo que el consumo de agua aumenta bastante.

El anochecer en un campamento saharaui

P.- ¿En qué punto está ahora el proyecto?
R.- Ya hay agua en cantidad, pese a algunos problemas de gestión, y ahora tratamos de ofrecer agua de calidad, que ya lo hacemos, pero hay que hacerlo con control. El departamento de Hidráulica saharaui se encarga de controlar esta calidad, que es una tarea muy importante, y por eso, la educación de la población es algo fundamental en este proceso. Hay que tener en cuenta que los refugiados saharauis han bebido agua en malas condiciones durante muchos años, entonces les da igual beber una agua u otra. Hay que mentalizarlos, ya que, por ejemplo, si les dices que este grifo tiene agua clorada limpia, por no andar 150 metros beben del agua que tienen estancada desde hace diez días en una cisterna oxidada. Aunque a nosotros nos cueste creerlo, es que ellos allí la han bebido siempre, es una cultura diferente, y no es fácil convencerles de que cambien sus hábitos. También hay otros poblados donde el agua ha sido tratada y clorada durante más tiempo y están acostumbrados a beber esa agua y sólo beben esa agua. El objetivo consiste en la dinámica normal de tener agua en unas condiciones no adecuadas a proporcionársela en una adecuada y que la población utilice ese beneficio.

La vida en un campamento

P.- ¿Cómo es un campamento Saharaui?
R.- Marrón por abajo y azul por arriba. No enserio, esa es la sensación que me evoca y la verdad es que hay momentos en los que te planteas como pueden estar allí viviendo y da mucho coraje. Verlos allí, en mitad del desierto, soportando esas temperaturas. Y además, sobre todo las mujeres, los ancianos y los niños, es realmente asombroso como aguantan el viento, la arena y el polvo. Es muy duro, pero la gente, no sé de donde saca las fuerzas para seguir siendo altivos. Además siguen teniendo su identidad, son muy generosos, muy amables, y están dispuestos a colaborar con todo.

P.- ¿Cómo es la vida de los refugiados?
R.- La vida ahí es muy dura, esperando que pase algo que de momento no está pasando. El día a día de un refugiado saharaui consiste en recoger la comida, recoger el agua, hacer las labores de casa y y los afortunados van a trabajar en pequeños talleres, comercios, en el gobierno o con las onegés, aunque bueno, de una manera u otra se buscan la vida para conseguir algo de trabajo para sustentar la familia. Independientemente de nuestra concepción sobre estos campamentos, pese a ser un campo de refugiados tienen su propio gobierno, con sus ministerios, sus departamentos, sus movimientos entre un departamento y otro, su control con sanidad, su control con educación, cooperación, etc. Están bastante organizados a nivel ministerial, a nivel de gobierno y a nivel de base, donde son las mujeres las que organizan todo.

Antonio Andrés lleva casi tres meses trabajando en el Sahara 

P.- ¿Qué papel tienen las mujeres saharauis en el campamento y en este proyecto?
R.- Nosotros hablamos con el departamento de Hidráulica saharaui, con sanidad, con educación, con el ministerio de cooperación para organizar, mirar estrategias, lo que es el proyecto. Pero la base, las responsables de cada grifo, de toda el agua de cada poblado, son sin duda todas las mujeres. Si a ellas no les gusta lo que hacemos, pese a nuestra organización, esto no va a ningún sitio. Las mujeres son las gestoras de base.

P.- ¿Cómo es el trato de los saharauis con los cooperantes?
R.- El trato con nosotros es muy bueno. Son todos muy amables. Sólo tengo palabras de agradecimiento. Toda la ayuda que les venga, ellos la aceptan y quieren que estemos ahí. Lo malo es que están acostumbrados a recibir ayuda, es un problema que hay en sitios donde la gente lleva tanto tiempo desplazada, y esto es un punto negativo, pero aún así ellos siguen colaborando para facilitarnos las cosas a los que trabajamos allí. Además, el día a día con la gente es algo especial. Cualquier casa en la que entras tienes que acabar tomando té y si puedes escaparte para no comer es un milagro. Se puede estar uno o dos días enteros en casa de alguien sin conocerlos de nada previamente. Simplemente vas, llamas a la puerta, entras, y ya estás en casa. 

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