aragóndigital.es
Miércoles, 21 de abril de 2021
Tribuna Digital
19/12/2008

Si está loco, que lo encierren

José Carlos Fuertes Rocañín

Una vez más, la enfermedad y los enfermos mentales son noticia por un hecho luctuoso, triste, en cierta manera alarmante. Un enfermo psíquico, esta vez en Utebo, barrio para unos y pueblo para otros, cercano a nuestra capital, que no es precisamente la España profunda como a veces se nos quiere hacer creer, un enfermo mental decimos, ha matado a su hermana y herido a su propia madre tras una discusión. Una vez más se convierte en triste noticia y objeto de debate la peligrosidad criminal de los enfermos mentales.

Los llamados enfermos psiquiátricos, aunque sean enfermos graves como parece ser el caso que nos ocupa, no son peligrosos, al menos no más que el resto de la población. Eso si, con una condición: que estén adecuadamente tratados. Y aunque les parezca raro, estamos ante un problema político y no sanitario. Los médicos conocemos bien nuestro oficio, sabemos cómo evitar, o al menos reducir notablemente, los trastornos de conducta del enfermo mental grave. Pero, de nuevo, la mal llamada clase política no nos facilita el trabajo. Eso si, a la hora de pedir nuestro voto todo son promesas, que, como dicen algunos, están hechas justo para no cumplirse.

En España es imposible hoy, legalmente hablando, obligar a que una persona enferma psíquicamente siga un tratamiento de forma ambulatoria para restablecer su salud, salvo que haya cometido un delito. Es decir, hace falta que ocurra un acto criminal como el que ha pasado en Utebo para que esa persona, cuyos antecedentes psiquiátricos eran evidentes según han confirmado los medios de comunicación, sea “obligado”, con todas las garantías legales que se quiera, pero obligado al fin y al cabo, a seguir un tratamiento psiquiátrico. En cambio, y paradójicamente, sí se le puede internar de forma involuntaria y por ende se le puede privar de libertad; eso sí, de forma siempre breve y lamentablemente por criterios mas económicos que sanitarios. 

¿Se puede ser libre si no se tiene salud mental? ¿Se puede elegir entre varias opciones si se está sometido a ideas delirantes, obsesiones, alucinaciones, alteraciones del ánimo, descontrol de los impulsos, distorsión de la memoria o se tiene una inteligencia deficitaria? ¿Es posible ser autónomo si la esencia del ser humano como es el pensamiento y la voluntad están dañadas? Mi respuesta no puede ser más contundente a tos las cuestiones: NO, en modo alguno

Estamos ante una legislación contradictoria en la que por un lado permite un internamiento psiquiátrico aunque sea preceptiva la tutela judicial, pero en cambio por otro lado rechaza de plano la imposición de un tratamiento medico ambulatorio, que aunque coarte la libertad del sujeto, siempre será una medida menos agresiva y costosa que el ingreso en una unidad de psiquiatría. 

Un enfermo mental bien tratado es tan peligroso como usted o como yo, no más. Y no le estoy pidiendo un acto de fe, si no lo cree vea las evidencias científicas que atestiguan mi aseveración. Un enfermo mental bien diagnosticado, pero que no sigue el tratamiento prescrito (aunque sea a la salida de un periodo de internamiento), se convierte indefectiblemente en una bomba de relojería que puede explotar en cualquier momento. Y eso es lo que esta ocurriendo en muchos de los casos que saltan a los medios y que generan lo que llaman pomposamente “alarma social”.

El enfermo mental, sobre todo en las llamadas “psicosis”, no tiene conciencia de enfermedad; es decir, no sabe que está enfermo ni se reconoce como tal. Los enfermos en estas situaciones creen enfermizamente que son los “demás”, es decir los otros, el resto del mundo, incluso su propia familia y amigos, quienes les persiguen, les vigilan, les amenazan, les insultan, les critican; en fin, les amargan y complican injustificadamente la existencia. Como el sujeto no reconoce estar enfermo, la consecuencia inmediata y lógica es abandonar el tratamiento a las pocas semanas de haberse iniciado, si es que alguna vez lo llegan a comenzar.

En definitiva, si queremos evitar muertes absurdas habrá que facilitar el abordaje terapéutico del enfermo mental. Será necesario obligar, con todas las garantías legales precisas, pero obligar coactivamente a seguir un tratamiento médico que es la única medida eficaz demostrada  para conseguir, sino la curación, si al menos el control de los síntomas y, por ende, la peligrosidad criminal de estos enfermos.

En esta sociedad obsesionada por lo políticamente correcto, en ocasiones seguirá siendo necesario restringir la libertad individual en aras a la protección social. Habrá que imponer una medicación a la fuerza sin esperar a que el enfermo cometa un delito, habrá que ingresar al enfermo de forma prolongada aunque ello coarte su libertad de movimientos a cambio de mejorar su salud mental y garantizar la seguridad de su entorno. Al enfermo no hay que castigarle sino curarle, o acaso, ¿no es suficiente castigo el padecer una enfermedad mental?

Por el camino que vamos, los enfermos psiquiátricos seguirán estigmatizados y mal tratados por una sociedad que ni les comprende ni se esfuerza por hacerlo. Sociedad que se limita a apartarlos como apestados en cárceles y no en centros sanitarios al igual que se hacía en la edad media. No obstante algo hemos ganado, ahora al menos no se les pasa por la hoguera.


*Médico Psiquiatra y Vicepresidente de la Sociedad Aragonesa de Psiquiatría Legal y Ciencias Forenses
comentarios
Sin comentarios en la noticia
tu comentario
Sí, acepto la política de privacidad de Actualidad Media S.L.
 

Muchas gracias por tu envío que ayuda a construir Aragón Digital entre todos. El material será revisado en breve para ser publicado cuanto antes. Para cualquier duda, comentario o sugerencia, contacta con nosotros.

Este espacio se rige por unas normas simples con objeto de permitir que cada uno exprese su opinión sin ofender a los usuarios. Por favor, téngalas en cuenta cuando contribuya con la suya.