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Sábado, 20 de julio de 2019
Cartas al director

25/3/2009

Servicio de recogida de cadáveres

Muchos son los zaragozanos que, cuando se produce una muerte violenta, tienen la imagen de un furgón de color blanco con los portones traseros –señalados con sendos anagramas con cruz sobre fondo azul- abiertos de par en par, en el que se está introduciendo el cuerpo sin vida de algún infortunado. Es el furgón de la Hermandad de la Sangre de Cristo.

Es la costumbre: “el cadáver fue trasladado por la Sangre de Cristo” rezan los pies de foto. Pero pocos son los que se paran a pensar qué será eso de la “Sangre de Cristo”, por qué y desde cuándo recoge cadáveres.

La Hermandad de la Sangre de Cristo es una institución con más de ocho siglos de historia desarrollada en nuestra ciudad, cuya principal misión era la recogida y sepelio de los cadáveres de aquellos a quienes la muerte sorprendía en situaciones trágicas, de soledad o en la indigencia, amén de los ajusticiados. Hoy en día, dicha misión se concreta en la recogida y traslado al depósito judicial de cadáveres cuando así lo ordena la autoridad judicial, en virtud de sucesivos convenios con el Ayuntamiento de Zaragoza, que es quien sufraga, vía subvención, el coste del servicio.

Esta Hermandad la conforman voluntarios. Personas normales y corrientes con obligaciones laborales y familiares. Obligaciones que compatibilizan como pueden cuando desempeñan su semana de turno, dispuestos a acudir a cualquier hora del día o de la noche, a requerimiento del Juzgado de Guardia, a recoger y trasladar el cuerpo de algún semejante que ha perdido la vida. Pero el servicio no se queda en un mero acto físico. Hay un componente humano: en la medida de lo posible, se ofrece apoyo y consuelo; se informa a la desconcertada familia de qué hacer, dónde ir o de los trámites inmediatos seguir. Todo ello con absoluto respeto a cualquier creencia.

Y tras muchos siglos de servicio continuado, los zaragozanos se siguen sorprendiendo de esta labor. Es normal, porque a través de la historia ha sido principio fundamental en dicha institución el mantenimiento de una labor callada y discreta en el ejercicio del primero de sus fines.

Pero ahora, su continuidad de tantos siglos corre serio peligro de desaparecer en beneficio de dudosos criterios operativos que, sin duda, arrojarán pingües beneficios a la maquinaria mercantil de turno. Resulta sorprendente, por otra parte, que siendo el Ayuntamiento de la Ciudad quien ha tenido siempre asumida la competencia del servicio y, en consecuencia, ha asumido el coste del mismo, sea ahora otro órgano de la Administración quien quiere disponer caprichosamente de él, metiendo a la zorra en el gallinero. Es un hecho que, ni antes el Ministerio de Justicia, ni hasta ahora la Consejería de Justicia de la Comunidad Autónoma de Aragón, han mostrado intención alguna de asumir un servicio que no tenían y mucho menos, han aportado nunca cantidad alguna para sufragar los costes del mismo. Hasta ahora ...

La excusa es aparentemente técnica: “criterios de trazabilidad y garantía de la cadena de custodia” del cuerpo hasta su llegada al depósito judicial. Sin embargo, desde el Instituto de Medicina Legal no se han atendido los escritos de la Hermandad solicitando comunicación de las medidas o requisitos de técnica forense que, a juicio de ese Instituto, deben adoptarse para cumplir mejor, si cabe, con esos criterios que ahora se aducen. Pero, al parecer, a alguien no le interesa que la Hermandad de la Sangre de Cristo continúe realizando su labor cumpliendo con esos criterios.

¿Para qué introducir en un servicio público gratuito a alguien que, finalizado el mismo puede hacer uso de una posición privilegiada y una información protegida -derivada de ese servicio gratuito- para hacer su negocio? El avispado lector puede sacar sus propias conclusiones.

Por ello, la Hermandad de la Sangre de Cristo y sus miembros se ven en la necesidad de alzar la voz para recabar el apoyo de instituciones y ciudadanos.

Para que no desaparezca un pedazo de nuestra historia. Para que una labor desinteresada que se realiza con sentimiento, dedicación y responsabilidad no sea sustituida por un mero trámite burocrático gratuito, seguido del ofrecimiento de unos servicios de sepelio nada baratos.


Jesús García Belenguer, Zaragoza

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