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Lunes, 16 de septiembre de 2019
Zaragoza
7/12/2011

Infatigables de la buena práctica

María del Carmen Ugarriza Hernández
Mediadores y voluntarios trabajan por mejorar la convivencia en el Casco Histórico
Mediadores y voluntarios trabajan por mejorar la convivencia en el Casco Histórico

Zaragoza.- Imagine que día sí y día también el ruido ensordecedor de la radio de su vecino no le deja ver la televisión ni siquiera dormir. Usted ya ha perdido la paciencia tras, seguro, haber probado algún que otro remedio casero: coger una escoba y darle al techo o subir rogándole un poquito de silencio, al menos en hora punta. Su vecino le promete que bajará el volumen, pero la tónica vuelve a repetirse, y usted, desesperado, ya no sabe qué hacer para solucionarlo.

Si se ve envuelto en esta situación y vive en el Casco Histórico de Zaragoza puede recurrir a la Asociación de Mediadores-as Interculturales (Amediar), donde han puesto en marcha un servicio para mejorar las relaciones de convivencia que se han visto deterioradas por conflictos entre los habitantes del barrio, ya sean entre dos vecinos, entre una persona y una comunidad y también otros problemas que puedan surgir en el espacio público.

Desde su puesta en marcha en el año 2010 mediante un convenio con la oficina del Plan Integral del Casco Histórico (PICH), el servicio ha recibido 120 solicitudes, pero no todas se gestionan de la misma manera. “Dependiendo de la problemática hacemos un trabajo u otro. No en todos se precisa de la mediación, bien porque no se puede llegar a ella o porque lo que se necesita es un trabajo más continuado. A veces con información y un trabajo con una de las partes se soluciona”, explica Pilar Orgiles, mediadora de Amediar.

En el caso de que se necesite de la mediación, un trabajador de la asociación interviene entre las partes para intentar ponerlas de acuerdo. “Preparamos un encuentro para que lleguen a acuerdos pactados entre ellos, no desde nosotros. Nosotros solo facilitamos los acuerdos”, aclara Orgiles.

Tras solicitar la mediación, el interesado explica el conflicto y lo primero que hace junto al mediador es diferenciar los hechos que han ocurrido de los juicios que se han ido emitiendo hacia la otra persona y que están "alimentando" el problema. Después, se estudia el objetivo que busca y, añade, "se le deja muy claro que no es un servicio para denunciar o poner multas sino que hay compromiso para ponerse de acuerdo con la otra parte".

Firmar la declaración de paz

Precisamente, ésta es la premisa con la que se acercan a la segunda parte del conflicto. Se le explica el funcionamiento del servicio, la solicitud que les ha llegado y, asevera la mediadora, "incidimos en que esto no es ninguna acusación ni ninguna denuncia, pero sí en que cuando se utiliza un servicio de mediación se está firmando la declaración de paz".

La clave para que la persona implicada se involucre en la resolución del conflicto está en que comprenda que es un intento de acercamiento y de diálogo. "En un problema de ruido, la persona que lo emite puede comportarse de muchas formas, pero si le explicamos que el vecino quiere ponerse de acuerdo es diferente a que la policía vaya a su casa", plantea la mediadora.

Amediar es un servicio para vecinos del Casco Histórico
Amediar es un servicio para vecinos del Casco Histórico

El éxito no está garantizado al 100% porque algunos casos llegan a rechazar la mediación. Orgiles advierte de que no suele ser un camino de rosas porque ha habido probablemente insultos, malentendidos, frustración… y reconducirlo y que las partes se quieran sentar en un mismo espacio para hablar de ello es difícil. No es que haya recetas mágicas, pero la capacidad de diálogo, la voluntad y, sobre todo, la humildad, destaca la mediadora, son fundamentales para restablecer la relación.

Pero, ¿cómo se comporta el mediador en la resolución del conflicto? La mediadora es rotunda: "Tiene que escuchar, adivinar cómo se mueven las emociones, identificar el daño moral... pero nunca juzgar porque nunca llegamos a saber las causas definitivas. Nosotros nos ponemos del lado de la solución, pero la opción ultima la tienen las partes".

Ruidos, falta de limpieza y comunidades enteras desorganizadas

La mayoría de los conflictos que llegan hasta Amediar están relacionados con los ruidos y la falta de limpieza, pero también se han encontrado con otros donde la desorganización de la propia comunidad de vecinos ha sido la raíz del problema al dejarse de efectuar pagos o no ocuparse de las funciones que debían de acometer.

Son los más difíciles de solucionar, pero los más satisfactorios a la hora de la resolución, destaca Orgiles. "Hemos reunido a comunidades que llevaban seis años sin juntarse. Primero hacemos reuniones semanales y cuando se van encauzando los temas se van haciendo mes a mes. Nosotros nos retiramos cuando la comunidad está constituida con fortaleza para que ellos mismos puedan resolver posibles conflictos que puedan surgir. Los problemas no van a desaparecer, pero ahora pueden asumir su resolución ellos", valora.

Las reclamaciones que llegan hasta Amediar también están relacionadas con los espacios públicos del Casco Histórico y los problemas que se generan en torno a la basura o los ruidos por la presencia numerosa de vecinos en plazas o bares que no cierran a su hora.

Implicados con su barrio

Desde septiembre Amediar ha puesto en marcha la campaña Limpieza y salud comunitaria para fomentar buenas prácticas vecinales. Ocho personas reciben formación en temas de resolución de conflictos, reciclaje o ahorro energético que después tendrán que trasladar a los residentes del Casco.

Los voluntarios informan a los vecinos sobre buenas prácticas de convivencia
Los voluntarios informan a los vecinos sobre buenas prácticas de convivencia

Idrissa Gueye, senegalés y vecino de la zona, es uno de los que decidieron sumarse a este proyecto, ya que el Casco es un "símbolo" y hay que trabajar para hacer de él un “modelo” de convivencia. La misma opinión comparte David García, que ha pasado toda su vida en el Casco, y que participa en esta iniciativa porque, confiesa, “me gustaría sentirme orgulloso del lugar en el que vivo y por tener un barrio limpio y sano”.

Cuando terminen los meses de formación, irán llamando puerta a puerta y convocarán reuniones para conocer sus preocupaciones y los problemas de los vecinos con el objetivo de buscar soluciones y que pueda "desembocar en cambios reales y profundos de hábitos de limpieza", destaca García, que valora la respuesta positiva que está teniendo la campaña entre vecinos y también en los comercios. "La gente nos acoge bien. Les transmitimos que no es solo cuestión de evitar multas o algo visual sino que es algo que mejora el estado de ánimo, la convivencia y la salud comunitaria", afirma.

Los voluntarios coinciden en afirmar que entre las causas de que en este barrio haya más suciedad en comparación con otras zonas viene propiciado por el desconocimiento y por la diversidad cultural que hace que tengan hábitos de limpieza diferentes, por lo que creen que es más una cuestión de información. También influyen las características del barrio donde, al no haber contenedores grandes, los puntos de acumulación de basura son más visibles. "La mayoría de los vecinos lo hacen bien, pero si hay una mala práctica se contagia", aclara Orgiles.

Fomentar el traslado de las buenas conductas sociales de unos vecinos a otros desde la implicación del barrio es el objetivo primordial de esta campaña. Y precisamente de esto saben mucho porque, destaca la mediadora, la clave de este grupo es que han sido seleccionados por ser personas implicadas. Y añade: "Nuestra fuerza es la insistencia en la buena práctica, somos infatigables. Incidimos en la sensibilización desde el mensaje coherente y el beneficio que tiene la buena práctica". 

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