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Viernes, 18 de octubre de 2019
Tribuna Digital
Carlos Lorén Oliveros

21/8/2018

Palestina: la tierra perdida

El 2 de noviembre de 1917, el imperio británico emitía lo que se conoce como Declaración Balfour, un texto en el cual "se comprometía a ver favorablemente el establecimiento en Palestina de un Hogar Nacional para el pueblo judío".

Hace unas semanas, el parlamento israelí, también conocido como Knesset, aprobaba una Ley Fundamental en la que Israel pasaba a convertirse de forma oficial en el "Estado Nacional del Pueblo Judío".

En el interludio entre un acontecimiento y otro se encuentra el devenir de la causa palestina, un devenir que parece no tener ni fin ni horizonte para ellos y, que tiene nombre propio: la Nakba.

Podríamos definir la Nakba de diferentes formas, pero en todas ellas se perfilaría como el elemento constitutivo del sentimiento de trauma que asola a los palestinos. Un trauma que conforma su identidad como nación y que ha causado la pérdida de sus hogares, su libertad y su independencia.

El hogar lo perdieron aquellos que se vieron arrasados por el conocido como Plan Dalet allá en 1948. Un plan de limpieza étnica sistemática llevado a cabo por las fuerzas israelíes. El resultado de ello, es que, a día de hoy, casi cinco millones de palestinos ostenten la condición de refugiados.

La libertad la perdieron aquellos que vieron como Gaza y Cisjordania eran ocupadas militarmente por Israel para ser convertidas en enormes cárceles a cielo abierto donde tan sólo reina la ley del más fuerte.

La independencia la van perdiendo día a día todos aquellos palestinos que se encuentran atrapados dentro de un estado que ni siquiera los reconoce como ciudadanos. Un estado que se vanagloria de ser la única democracia de Oriente Medio y que sin embargo es garante de un régimen de "apartheid" que excluye y niega al palestino.

Este 2018 parece encaminado a convertirse en un año de retroceso y amarga decepción en la causa palestina. Otro más. Los regímenes ultranacionalistas de Trump y Netanyahu no permiten atisbar ni un solo rayo de luz en una lucha que parece no tener fin, o al menos, cuyo único fin no será otro que la aniquilación de Palestina como nación.

Así, citando al gran humanista Edward Said, no debemos olvidar que aquella declaración del imperio británico que selló el futuro de Palestina, fue: "una declaración de una potencia europea, sobre un territorio no europeo, con absoluta indiferencia hacia la opinión de la población autóctona y adoptando la forma de una promesa sobre ese mismo territorio realizada hacia otro grupo extranjero".

Un siglo ha transcurrido desde aquel acto, un siglo que ha revolucionado el mundo, pero donde ciertas cosas siguen sin cambiar. Al pueblo palestino le robaron su voz y su tierra aquel día, y todavía hoy sigue luchando por recuperarlas.


* Graduado en Derecho